CRONICAS MAPOMA 2011 1ª

Mi intención al sentarme hoy delante del ordenador era contar mi experiencia en el Mapoma de ayer, hablar sobre lo que me duelen  las piernas, sobre las más de veinte veces que tuve que parar a causa de los calambres (de los cuatro maratones que he corrido si quito el primero éste ha sido con diferencia en el que más calambres me han dado), sobre los apuros que pase después de ponerme el pantalón chándal para poder calzarme la zapatilla del pie derecho ya que cada vez que doblaba la pierna me daban amagos de calambre y de que estuve a punto de pedirle al tío de al lado de que me la pusiese y que no lo hice porque me daba corte (ahora me parece gracioso pero en su momento me supuso un problema gordo), de la aventura que supuso el bajar y subir las escaleras del metro, ya que las piernas no me sujetaban, en fin intentando ordenar todas estas ideas he recordado como conocí la existencia de Kamparredores

 fue a través de Luismi a quien conocía por un vecino al que también le gusta correr. Lusimi me informó de la existencia del club, de que quedaban todos los domingos en la Casa de Campo para entrenar, de que había gente de todos los niveles por lo que siempre encontraría con quien correr, de que también había chicas (esto lo decía para animar a mi mujer), de hecho, al estar yo en tratamiento de una pubalgia que me acompañaba en los últimos seis años, fue Loreto, mi mujer, quien bajó por primera vez a entrenar, a través de ella comencé a conocer, si no de vista si de nombre, a algunos vosotros, por ejemplo a Víctor, quien las veces que bajó, la acompañó durante todo el entrenamiento para que no se quedase sola (Loreto entonces hacía poco tiempo que había comenzado a correr), lo cual es muy de agradecer y  no todo el mundo lo hace. La verdad es que la referencia que tenía de los Kamparredores era muy buena,  así en octubre, en cuanto me dieron el alta de la pubalgia, bajé a entrenar a la Casa de Campo, al único que conocía, y sólo por la descripción que me había dado de él (un hombre con el pelo cano y bigote) era a Víctor, así que cuando llegué a las pistas, a pesar de no haberle visto nunca le indentifiqué en acto, le dije que tenía la intención de entrenar con vosotros a lo que me dijo que sin problema. Ese día me hice una tapia y acabé hecho polvo, el resto de la gente creo que se hizo tapia y bosque, cuando iba llegando al final me alcanzó Chema, yo no sabía que era hermano de Luismi, y me acompañó hasta el final, la verdad es que esto hizo que me causase muy buena impresión. El domingo siguiente entrené con Víctor y con Eva, les comenté que mi objetivo era el Mapoma y como ellos también lo querían correr les dije que a partir de entonces los domingos entrenaría con ellos, Víctor me dijo que yo podía ir más rápido y que debería ir con Luismi o con Juanlu, como Luismi en esa época fallaba más que una “escopeta de feria” me presentó a Juanlu  a través de él conocía a Juan Carlo, a Raúl etc, me comentó la existencia del blog de Chema del cual sacaban los entrenamientos que también les había ido, desde entonces yo, en la medido de los posible, también los intento seguir, me informó de las carreras a las que se iban a apuntar, la verdad es que únicamente pude correr la media de Villaverde ya que por diversas circunstancias las otras me fue imposible, fui cogiendo forma y me sentí bien en el grupo, pero después del descanso navideño, en enero  en la primera serie de mil que intenté hacer me hice daño en el talón de Aquiles, el fisio me dijo que tenía que para cinco o seis días, al final fue mes y medio, y di por perdida la media de La Latina y el Mapoma, pero no fue así, la Latina la corrí con mi mujer y no tuve molestias en el pie, además la disfruté y ella hizo su mejor marca personal, en cuanto al Mapoma a menos de mes y medio pensaba que no me iba a dar tiempo a prepararme pero me volví a equivocar, los tres domingos siguientes corrí junto a Luismi y notaba como iba cogiendo forma así que me animé a apuntarme, me sentía capaz de hacerlo en tres horas treinta pero dos semanas antes del maratón me volvía resentir del talón de Aquiles, pienso que fue del esfuerzo al intentar engancharme a los entrenamientos, y hasta el último día no sabía si iba poder competir, de hecho esta última semana no he podido correr ni un solo día.

En fin, que el Mapoma me ha dejado un sabor agridulce pero como soy optimista por naturaleza me quedo con la satisfacción de pertenecer a este club  en donde en encontrado un buen ambiente y gente buena que se ha portado genial tanto con mi mujer como conmigo y el año que viene a por mi MMP.

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