CRÓNICA DEL TROFEO PARIS 2015

Todo comenzaba como empiezan “las cosas que no tienen mucho sentido”. Sonaba el despertador, con esa canción que un día hasta me debió gustar, pero a la que a fuerza de hacerme volver a la realidad he cogido algo de tirria.

Comenzaba el día y nada estaba en su sitio, ahora me acordaba del día de ayer, pero en ese momento, eso ya no tenía solución. Tras una lucha agónica contra mi mismo para no volver a la tierra de Morfeo, decidí recurrir al mejor aliado en estos casos, la ducha, aquella que en su versión extrema polar es capaz de vencer a cualquier enemigo, incluso al sueño más atroz.

Tras esto comenzaron las primeras carreras de la mañana en busca de la ropa, el desayuno y por último la gente de mi equipo, sí, sí, de mi equipo. Porque con el trofeo Paris debutaba y aunque no llegaba con las mejores sensaciones, estaba claro que aquel iba a ser un día especial para mí.

Quedé con Serafín, compañero inseparable en esto de iniciarme en el running y, con él cerca, aparecían por fin las primeras buenas sensaciones desde hacia horas, quizá no estaba todo perdido. Poco después nos encontrábamos con el resto de Kamparredores con los que habíamos quedado en el barrio y es cierto que llegábamos los últimos, eso sí, diremos en nuestra defensa que puntuales.

Nos repartimos en los coches, momento en el que quedo claro que Jero  prefiere el buen olor a un modelo de coche que también vendían en blanco. Ahora nos dirigíamos hacia el Parque Lineal del Manzanares, para los nostálgicos como yo, el barrio del San Fermín.

Íbamos a correr y eso se tenía que notar en todo, por lo que tras unos momentos de rally en los que el bueno de Vicente valoró si bajarse o no del coche, enfilábamos la Avenida de los Poblados.

Nuestro trayecto fue capitaneado por el Señor de la experiencia en nuestro coche, Christian, el cual entre risas nos hacía repasar mentalmente el recorrido, mostrándonos los puntos buenos y malos del trazado al que poco después nos íbamos a enfrentar.

Ya estábamos allí, recogiendo los dorsales, esperando al resto de los Kamparredores y el frío hacia su trabajo, que en ese caso, no era otro que el de llevarnos al bar más cercano y digo cercano por no decir el único. Dentro de este comenzaron a aparecer los antecedentes de toda carrera que se precie: las camisetas verdes, los dorsales, los imperdibles (con los que he desarrollado la gran duda, desde que leí el correo del presi, de si son para sujetar el dorsal o el arma contra el chupa rueda) y como no también el  papel higiénico.

Ahora, si que llegaba el momento y camino al coche por fin sentía “la fuerza”, por fin hacia su aparición la adrenalina, esa que cuando llega hace que todo sea un poco mas dulce, que todo parezca un poco mas fácil… cambiándonos de ropa a ritmo de Dire Straits (debo confesar que Sera pidió salsa) por fin parecía que todo estaba en su sitio, todo menos el esparadrapo (horror), ahora entendía porque me gusta tanto correr con mi mochila. Pero podía haber solución, allí a lo lejos estaba ese espejo en el que mirarse, eso sí con una pinta de dominguero en sus sillitas de playa que no os imagináis, pero con todo el material necesario y sino que se lo digan a Carabias la versión 2.0 de Curro Jiménez, siempre armado.

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Momento de las primeras fotos y de calentar. Pirri ejercía de presi concienciándonos a todos de lo que íbamos a hacer, teniendo un cuidado especial de los intentaríamos hacer un sub 40. Casi sin darme cuenta, ya estábamos en la línea de salida colocándonos todos juntos, que para eso somos la familia Kamparredora y así juntos todo comenzaba y ahora sí, tocaba correr.

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Recordando las palabras de Pirri de que aquel primer kilómetro era rapidísimo salimos a por todas y con él al frente todo tenía pinta de que saldría adelante, pero que 2 primeros kilómetros, su puta madre,  las piernas no querían y estaba apunto de evolucionar a “Bocasecaman”, tocaba remar contra corriente, coño me estaba quedando y la carrera no había ni comenzado, pero con el paso por el kilómetro dos una sensación mágica de comenzar a sudar invade mi cuerpo, parece que por fin arranca el motor, con mas pena que gloria, pero avanza y así cumpliendo ritmos llegamos al km 4.5, lugar del que Vega nos advirtió, porque era donde se jugaba la carrera, y así fue, allí empezábamos a separarnos. Yo intenté seguir al Presi, pero en el ecuador de la prueba se me iba la referencia  y como él me decía segundos antes, si no seguía su rueda, no conseguiría la marca de sub 40. Ya con el dolor en la tibia de los días de atrás, seguimos adelante intentando no perder mucho tiempo por km y más o menos lo estaba consiguiendo, lo que hizo que faltando 2 km volviera a creer en conseguir la marca, tocaba luchar y ahora no había excusas y luche con todo lo que tenía, pero fue nadar para morir en la playa, mi reloj se paraba en 40.00 (que putada). En el fondo era un marcón para mí, que comencé en esto de correr deprisa solo hace unos meses, pero no es suficiente cuando sabes, que tú mismo decidiste el día anterior tirar todos los entrenamientos a la basura.

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Ahora tocaba esperar tiempos, por si sonaba la flauta, pero estaba claro que no sería así, cosa que me recordaban a través de sus consejos dos de mis maestros de entreno: Kanela y Carabias “Espero que no te tengas que arrepentir todos los días, de lo que hiciste ayer” esta frase aun resuena en mi cabeza y es probable que hasta me la tatúe para no olvidarla. Pero como me enseña a diario mi maestro Luismi, en esto de correr también hay que madurar, e imagino que hacerlo así, lo hace un poco más rápido.

 

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2 comentarios en “CRÓNICA DEL TROFEO PARIS 2015

  1. Grande Chema!!! Un segundo no es nada…. una cerveza menos y lo tienes….

  2. La verdad que buen día Kamparredor, con gran asistencia buenos tiempos y cervecitas incluidas, que más se puede pedir
    Ale pues!!!

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