Corriendo en casa. Media Maratón de Salamanca

Cuarta edición de la media maratón de Salamanca, ciudad donde nací. Había corrido dos ediciones anteriores, habiéndome perdido la del año pasado por la dichosa lesión de rodilla. Este año entraba en mi calendario. Vaya por delante que la organización es de las mejores que he visto en pruebas de este tipo, con un trato al corredor excepcional.

Recojo el dorsal el sábado 28 en la feria del corredor donde había quedado con José Antonio. Botella de vino de la sierra de Salamanca y cortavientos acompañan al dorsal. Hubiera preferido hornazo o jamón, pero bueno el vino no está mal.

A las 19 había un foro debate muy interesante al que nos quedamos, principalmente a escuchar a Pedro Nimo, con el que antes nos habíamos hecho una foto y habíamos estado charlando un poco. En el debate nos hablan sobre la muerte súbita y la importancia de las pruebas de esfuerzo. Pedro Nimo nos relata lo que ha sufrido para llegar a ser campeón de España de maratón superando varias roturas por estrés teniéndole incluso que ayudar a vestirse. Un tío excepcional.

Octavio, Pedro Nimo y José Antonio

Octavio, Pedro Nimo y José Antonio

 

La previsión del domingo era soleado pero amanece nublado y con un leve viento frío que en algunas zonas del recorrido superaba la categoría de leve. Después del cambio de ropa dentro del pabellón, salimos a calentar saludando a los muchos conocidos. Rafa Iglesias se une unos metros con nosotros para intercambiar unas palabras. Está confiado. Es charro por lo que tiene el apoyo de la ciudad y de todos nosotros.

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Nos colocamos en los cajones. José Antonio se pone delante y Jaime, otro colega malagueño y residente en Fuenlabrada y que amenaza con venir a entrenar con los kampas algún domingo, nos ponemos en el globo de 1:35 sabiendo de antemano que no es nuestro lugar pero sí sabemos que la salida es muy rápida y que cuanta menos gente delante mejor.

Sale Vicente. Otro charro muy querido por todos. Sale sólo porque es el único en la categoría en silla de ruedas. Un aplauso cerrado. A los 3 minutos salimos el resto. Muy rápido pero sin problemas para correr. Sólo hay 2000 inscritos. No se quiere que sea una carrera masiva.

El km 3 ya es especial. Atravesamos la plaza mayor dirección universidad. Todo un lujo con cientos de personas aplaudiendo. Entramos en la zona antigua con muchas curvas cerradas y toboganes. De aquí a cruzar el Tormes por el puente romano dirección un arrabal que conocemos como el Zurguen. Aquí encontramos la primera subida importante y donde el viento se hace más notorio. A estas alturas vamos en una grupeta. Todos buscamos bajar el 1:40. También aquí nos cruzamos con los primeros. Rafa Iglesias va el primero, destacado. Al animarle nos mira y nos echa una sonrisa. Comentamos en la grupeta que se le ve bien pero aún quedaba mucho. Salimos del Zurguen otra vez para cruzar el río, de nuevo por el puente romano con la catedral imperiosa de fondo. Aunque conozco muy bien todo el recorrido, a partir de aquí me lo sé al dedillo. Entramos en un carril bici paralelo al río. Cuando termine el carril, en el km16, nos espera una subida de casi 2 kms de las que hacen daño en las piernas. Lo hablamos en la grupeta y como los ciclistas nos vamos turnando en cabeza. Mi compañero Jaime ya no está conmigo, se quedó bajando del arrabal.

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Superamos la cuesta que nos deja en el barrio donde he vivido toda mi vida. Ahora es bajada, lo suficiente para recuperar las piernas y afrontar los dos últimos kilómetros que pican para arriba. Aprieto los dientes. La grupeta se deshace. Algunos se quedan. Entramos en la recta de llegada de casi un kilómetro. A 50 metros de la meta veo a mi familia. Vuelo. Entro en meta. 1:37:33. Objetivo cumplido sin casi prepararla. Lejos queda mi 1:29 en la primera edición de esta carrera. Este objetivo lo dejo para la media de Madrid con la ayuda de los Kamparredores.

 

Octavio Infante

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