Maratón de Barcelona, sin sufrimiento no hay gloria

 

Domingo, 27 de septiembre de 2015, corría el km 5 de la maratón de Berlín, “Boni tira tú que yo lo voy a dejar”, el dolor en el gemelo de mi pierna derecha es ya lo suficientemente agudo como para saber que llegar a la meta era misión imposible. Bajo el ritmo, pero el dolor no remite en consonancia, diviso la pancarta del km 6 y echo la cuenta mental, “36 kms a meta”, un mundo, me aparto de la calzada, subo a la acera y paro el crono. De esta forma acababa mi maratón de Berlín, y empezaba mi maratón de Barcelona.
Era una maratón que tenía apuntada en mi agenda desde hacía un par de años. Después del mal sabor de boca de Berlín, tuve la tentación de recuperar unos días el gemelo, y aprovechar el estado de forma que tenía alargando la preparación hasta la maratón de Valencia a mediados de noviembre, pero a los pocos días ya se empezó a comentar la idea de formar una grupeta de Kampas para Barcelona, con Rubén, Luismi, Christian… todos ellos estarían por debajo o muy próximos a las 3 horas, así que decidí subirme a ese tren, sabía que si seguía la preparación con ellos sería una buena oportunidad al menos de hacer marca personal y quién sabe si algo más. Barcelona, there we go!!
Hasta aquí todo fenomenal, tenía un nuevo objetivo y esa motivación que nos hace falta a los corredores, así que a finales de noviembre ya tenia listo mi plan específico de 16 semanas. Hacer un plan sobre el papel es relativamente fácil, con un poco de experiencia y el bombardeado de literatura que tenemos por los cuatro costados, al final sale un plan decente. Pero lo realmente difícil de un plan no es ingeniarlo, sino llevarlo a cabo, y es aquí donde empieza mi travesía del desierto hasta Barcelona.
Para no extenderme demasiado en esta etapa, digamos que me invade una falta de motivación, que se mezcla con un proceso de tendinitis cervical, todo ello unido a que nunca me ha gustado entrenar con frío, me planto a mediados de enero con 10 entrenamientos contados, y lo que es peor, con malas sensaciones en todos ellos. A partir de ahí me pongo más serio y empiezo a entrenar, dejo de lado mi plan y decido calcar los entrenos de Rubén, mi objetivo se convierte en seguirle en sus entrenos hasta que el cuerpo aguante, y como es lógico, a la segunda semana (cuando ya me estaba acostumbrando a ver el culito de Rubén un poco más de cerca) el cuerpo dice basta, lesión al canto. Con todas estas peripecias me presento en la salida de la maratón, con tres tiradas largas, algún entreno de calidad, algún que otro rodaje y cero tests en mi haber. Objetivo: cruzar la meta.
Kampas rumbo a Barcelona

Kampas rumbo a Barcelona

Domingo 13 de marzo de 2016, me despierta el móvil de Christian, se le nota super concentrado, va a hacer algo grande, yo me levanto y remoloneo un poco, Zaida, cual mami, me prepara pan tostado, un zumito más un plátano y ya estoy desayunado, ahora toca desdesayunar y vestirse de corredor.
LLego a la salida con Octavio, intento acceder con él a su cajón, donde además debía estar Rubén, porque yo tenía dorsal para el cajón delantero, pero visto el ritmo que iba a llevar y como a uno no le gusta molestar ni ser un cono a sortear, pues decido retrasarme. Y digo intento, porque un señor muy afanado en hacer bien su trabajo, pero creo que con poco conocimiento en el mundillo, me dice que no puedo pasar, que tengo que irme a mi cajón. Estudio la forma de colarme sin tener que dar la vuelta a Barcelona entera y lo veo inviable, así que me marcho a mi cajón a ser un bulto sospechoso. Accedo y decido quedarme atrás del todo, allí me encuentro a Jaime del Miacum, que viene en la expedición aunque con un gemelo tocado, decide ser cauto y no salir muy rápido, pues los dos atrás. Al momento llega Christian, palmada en la espalda, suerte y se va a la parte delantera del cajón, unos instantes después suena el tema “Barcelona”, de Mercury y Montserrat Caballé para los juegos olímpicos, pistoletazo de  salida y a correr.
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Salgo con Jaime pero enseguida veo que lo de reservar no es su estilo, en los primeros 200 m ya le veo unos 50 m por delante mío, así que nada, “Cuquito, tú a tu ritmo, ve cómodo y procura no estorbar, que esto es muy largo”. Van pasando los kilómetros y voy fácil, a ritmo entre 4:30 y 4:40, con un ojo al frente puesto en el práctico de 3h15′ y otro mirando hacia atrás en busca de una camiseta verde que me alegre la mañana, hasta que finalmente, pasando el km 7 a la altura del Nou Camp oigo que alguien grita mi nombre, Octavio y Rubén me recogen y decido irme con ellos, voy suelto y no me apetece correr más tiempo solo.
Conformada la tripleta van pasando los kilómetros, Octavio no termina de encontrar buenas sensaciones, a Rubén se le nota que va con el freno echado, y yo voy bastante cómodo, así que más que engancharme yo a ellos, parece que ellos se amoldan a mi ritmo, caminemos pues. Siguen pasando los kilómetros y mantenemos siempre un ritmo en torno a 4:35, vamos hablando entre nosotros y le sugerimos varias veces a Rubén que se vaya, se le ve fuerte y debe hacer su carrera, mientras yo decido que mi táctica de carrera hasta el final será intentar aguantar lo máximo con Octavio. Hasta que en el km 19 en un tramo que pica un poco hacia arriba Rubén decide dejar de sujetar las riendas y se va hacia delante, Octavio y yo le dejamos irse y seguimos a lo nuestro, al momento nos cruzamos con Christian por el otro lado de la avenida que ya había pasado la media, un grito de ánimo y cada uno a lo suyo.
Pasamos la media maratón en 1h37’27” por mi reloj, Octavio me comenta que él lleva medio minuto menos, dado que salieron más tarde, vamos un poco justos para 3h15′ y aunque voy con fuerza, noto que mi cuádriceps izquierdo se empieza a contracturar un poco, lo cual hace que empiece a ir un poco preocupado, aunque decido no bajar el ritmo y que sea lo que Dios quiera.
Cuco y Octavio trabajando en equipo

Cuco y Octavio trabajando en equipo

Vamos llegando al km 24 siempre con el globo de 3h15′ a tiro de piedra, cuando oímos a alguien que nos grita por detrás estas palabras de aliento: “vamos que sois una vergüenza para los Kamparredores!”, es el cachondo de Jero que viene por detrás, de la segunda oleada, nos invita a engancharnos con él mientras hace un cambio de ritmo, evidentemente declinamos su oferta y en cuestión de medio minuto adelanta a la grupeta que sigue al globo y desaparece de nuestro campo visual.
Lo que sigue a continuación es una sucesión de largas avenidas sin mucho público, vamos siguiendo al práctico siempre a ritmo por debajo de 4:40. En el km 29 con la torre Agbar al fondo tengo una pequeña crisis, me noto sin fuerzas, así que decido adelantar un poco el gel que tenía programado para el km 30, aprieto los dientes y me engancho a Octavio. Por fortuna el gel me hace efecto enseguida, me noto más suelto pero ahora es Octavio el que parece pasar una pequeña crisis, corre el km 30 y el globo de 3h15′ empieza a estar a unos prudenciales 100 – 150 m. Hago repaso mental de lo que nos queda y qué ritmo debemos llevar para bajar de 3h15′, le comento a Octavio que vamos muy justos, sé que él tiene medio minuto más de margen y decido jugármela, le digo que se pegue a mí como una lapa y me pongo a tirar.
Pasamos el km31, salimos a línea de costa y es ver el mar y sentir unas ganas enormes de parar y tirarme al agua, más con el calentón que lleva uno y encima el sol ya empezaba a apretar, pero “Cuquito tú mira al frente y ritmo, ritmo”. Octavio me sigue, es un ritmo bueno para él, seguimos marcando los kilómetros a 4:40 hasta pasado el Km 36, en el que Octavio empieza a quejarse de un dolor agudo en la rodilla, justo al pasar por debajo del arco del triunfo decide bajar un poco el ritmo, yo entonces no sé que hacer, si tirar o quedarme con él. En ese momento recuerdo un 10k que corrí con Boni, en el que se quedó a pocos segundos de su MMP porque me dejé llevar pensando que no iba a hacerlo, y decido tirar para delante, que me lleve de referencia y si pasa la crisis se podrá reenganchar y no perder mucho tiempo.
Paso por el barrio gótico a buen ritmo, con el apoyo de la gente y como pica un poco hacia abajo se me hace muy rápido. Me aproximo al temido Paralel, paso el km 38, mi ritmo ya ha empezado a decaer, voy sobre 4:50 y cada vez más vacío, tomo mi último gel unos metros después de la pancarta del km 39 y al poco me encuentro en la entrada del Paralel, último repecho de propina de unos casi 2 kms.
La pendiente no es muy acusada pero yo siento que me he estrellado contra una pared, así que nada, toca apretar el culo y para arriba, marco esos dos últimos kilómetros por encima de 5′. Justo al llegar a la pancarta del km 41 me recoge Octavio por detrás, el dolor de la rodilla le ha remitido y aún le queda gasolina, yo no puedo seguirle más que con la mirada, y casi ni eso, sólo me veo los pies, pero sigo adelante. Hasta que de repente entro en la zona vallada, alzo la mirada y veo las torres venecianas de Plaza de España, ya casi está hecho, giro a la izquierda y entro en recta de meta, últimos 200 metros, miro el reloj de meta y marca 3h19′ y algún segundo, decido esprintar (si es que se le puede llamar así) para bajar de 3h20′, al final entro en meta en 3h19’48” por el reloj del arco, 3h19’08” oficial y por mi crono.
Cuco en los últimos metros antes de cruzar la meta

Cuco en los últimos metros antes de cruzar la meta

Muy satisfecho dadas las circunstancias y la escasa preparación, noto que le voy cogiendo el tranquillo a la distancia, ya es mi séptima maratón completada, y sobre todo me sirve para quitarme el mal sabor de boca del abandono en Berlín.
Gracias a todos los compis Kamparredores por sus palabras de aliento y consejos durante la preparación, en especial al gran Txema que la última semana estuvo muy encima mío porque andaba con una pequeña molestia en el sóleo, a Octavio que fue un gran apoyo y mi compañero de fatiga durante casi toda la carrera, y a Rubén, que tiró de mi en la última fase de la preparación, lo que hizo posible esta nueva medalla de finisher. Sois grandes! Hasta la próxima!
Cuco
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